¿Qué cargas sigues
llevando que ya cumplieron su ciclo? ¿Y qué pasaría si te dieras permiso de
soltarlas hoy?
Este tema ronda mi
cabeza con fuerza por estos días, especialmente al ver la resistencia de la
oposición a aceptar un nuevo gobierno, la dificultad de algunas personas que
acompaño para cerrar ciclos y mi propia resistencia cuando debo dar un paso al
costado después de invertir mucho esfuerzo en algo.
Sin duda, cerrar
ciclos es un acto de humildad y confianza, en nosotros y en aquello que la
vida, el universo o Dios nos tiene reservado. Requiere reconocer que lo que nos
trajo hasta aquí, fortalezas y recursos personales, también puede ayudarnos a
dar el siguiente paso. ¿Qué lo hace tan difícil? Tal vez, nuestra necesidad de
seguridad, aunque sea aferrándonos a algo que ya no está o nos hace daño.
La Biblia lo expresa
de manera muy bella en el libro del Eclesiastés: “Todo tiene su tiempo, y
todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” La naturaleza nos lo
recuerda cada día, sin prisa y sin ruido: la flor que se marchita no es un
fracaso, sino la condición para que la semilla dé origen a una nueva planta.
También nosotros necesitamos aceptar que cada etapa tiene su fin y que en ese
final está la posibilidad de un comienzo.
Pagamos un costo muy
alto cuando nos resistimos a soltar. Aferrarnos a lo conocido nos lleva a
pelear con nosotros mismos y con la vida; una lucha interna que se traduce en
estrés, ansiedad, desgaste emocional, y nos roba la energía. Como familias, nos
quedamos atrapados en dinámicas que no nos nutren y perpetúan patrones que
impiden sostener el legado, y como sociedad, insistir en modelos del pasado nos
hace repetir ciclos que cierran la puerta a la innovación y la esperanza.
Es verdad que, como
decía Hermann Hesse, necesitamos más fuerza para soltar que para retener. Yo
diría que, más que fuerza, requerimos valentía para reconocer que estamos
atrapados y avanzar. Esa valentía, como plantean la psicóloga Susan David y la
socióloga Brené Brown, no es ausencia de miedo; es avanzar con el corazón
abierto, abrazando nuestra vulnerabilidad y vergüenza.
¿Cómo lograrlo?
Soltar no significa rendirse, dice el médico Mario Alonso Puig; es confiar en
que algo nuevo está creciendo, aunque todavía no podamos verlo. Aferrarnos, agrega,
es como retener el aire; lo que no soltamos se acumula y se vuelve tóxico. En
este sentido, cerrar ciclos también es un tema de salud; liberar lo que pesa
para que la vida pueda respirar y continuar.
Soltar no es algo
instantáneo. Es un proceso que pasa por reconocer y aceptar que algo ya no está
o no nos sirve; agradecer lo que hemos vivido y aprendido, aun si dolió; elegir
si miramos al pasado que ya no está o al presente lleno de semillas de
posibilidad y darnos permiso de abrirnos para descubrir nuevas oportunidades.
Cerrar ciclos no es
perder, es crear espacio para lo nuevo. La vida, como las estaciones, nos
recuerda a diario que todo final también puede ser un comienzo. Y si hoy te
preguntas qué necesitas soltar en este momento de tu vida, quizá no se trate de
perder algo, sino de abrirle espacio, con confianza, a lo que quiere nacer.
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