¿Cuántas veces hemos tomado decisiones de las que luego nos arrepentimos o pensamos que podríamos haberlo hecho mejor? En mi vida, algunas decisiones han cambiado mi rumbo de manera radical, con consecuencias tanto positivas como negativas. Una de ellas fue casarme con una persona que no era afín a mí e irme a vivir a la selva, sin considerar todas las implicaciones ¿Qué podría haber hecho diferente? Probablemente, ir más despacio para ver más allá de mis propias cegueras.
En
el campo político, reconozco que he votado por el candidato ‘menos malo’ o me
he dejado llevar por lo que piensa la mayoría. No es fácil elegir bien y menos
en tiempos tan complejos como los actuales, donde la sobreinformación nos
intoxica y nos impide actuar con libertad.
Tomar
buenas decisiones requiere una capacidad cada vez más escasa: el pensamiento
crítico, que tiene sus raíces en la antigua Grecia, con filósofos como
Sócrates, Platón y Aristóteles, quienes nos enseñaron a cuestionar, a
desconfiar de las apariencias y a buscar el equilibrio entre razón y emoción
para vivir de manera justa y consciente.
Pensar
de manera crítica implica superar nuestras cegueras. La parábola hindú del
elefante y los ciegos ilustra cómo cada uno percibe la realidad desde su punto
de vista y la convierte en verdad absoluta:
Un
grupo de ciegos escuchó
que había un elefante en el pueblo. Ninguno conocía este animal, así que fueron
a inspeccionarlo. El primero puso la mano en la trompa y dijo: "Es como
una serpiente gruesa". Otro tocó la oreja y dijo que parecía un abanico.
Otro llevó la mano a la pata y dijo: “es como el tronco de un árbol”. El que
puso la mano en su costado dijo "es una pared".
Hoy,
nuestras cegueras pueden estar asociadas con: La ansiedad que genera la
incertidumbre, el miedo al cambio, o la tendencia a la uniformidad que describe
Byung-Chul Han: “En un afán por ser distintos, terminamos siendo iguales y
anulamos la diversidad y la capacidad de sorpresa”.
Los
indicadores globales muestran alta volatilidad. En 2025, el Índice de
Incertidumbre Mundial alcanzó niveles récord, impulsado por tensiones
comerciales, volatilidad financiera y conflictos geopolíticos. América Latina
enfrenta un entorno económico deteriorado y Colombia cerró el año con un aumento
significativo de la incertidumbre política y económica, reflejado en el aumento
del IPEC (Índice de Incertidumbre de la Política económica en Colombia) medido
por Fedesarrollo y en las preocupaciones sobre el rumbo del país.
En
este contexto, los colombianos entramos en un año de elecciones en el que
elegiremos nuevo mandatario y congresistas para un país polarizado, con serios
problemas sociales y económicos, en un entorno mundial incierto. Es un momento
propicio para dejarnos llevar por el miedo, la desinformación o el simple
rechazo del ‘otro’.
Frente
a la incertidumbre y la responsabilidad de elegir el mejor gobernante, el
pensamiento crítico es nuestro mejor antídoto. No se trata solo de usar la
razón, sino de comprender y enfrentar la realidad desde la lógica y la empatía,
con conocimiento y sabiduría interior, con claridad y flexibilidad. Como
advierte Byung-Chul Han en ‘La expulsión de lo distinto’ (2016), el deterioro
de la democracia tiene sus raíces en nuestra incapacidad para escuchar y
considerar otras perspectivas.
Activar
nuestro pensamiento implica cuestionar lo que damos por sentado, escuchar con
la mente y el corazón abiertos, ver posibilidades donde otros solo ven
problemas, detenernos para analizar y elegir conscientemente, no quedarnos con
la primera impresión y no creer todo lo que vemos y oímos. Leer y escribir
también nos ayudan a una mejor comprensión de lo que sucede.
Necesitamos
ir más allá de los discursos en la plaza pública, los mensajes en redes y el
impulso inicial que nos generan las apariencias. No podemos entregar el futuro
del país en manos de un político narcisista que solo busca satisfacer su ego. El
pensamiento crítico es, hoy más que nunca, una herramienta fundamental para
decidir con libertad y responsabilidad.
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